domingo, 6 de noviembre de 2011

Cualquiera puede hacerlo asi

Un clérigo tozudo y de mente estrecha estaba sermoneando a los parroquianos de la casa de té en la cual Nasrudín pasaba buena parte de su tiempo.

A medida que iban transcurriendo las horas, Nasrudín fue cayendo en cuenta de que las ideas de este hombre se ajustaban a un esquema rígido, de que estaba lleno de vanidad y de orgullo, y de que magnificaba todas las situaciones aun sin importancia, con un intelectualismo injustificado, por mero prurito de intelectualismo.

Se discutió un tema tras otro y a cada instante el clérigo hacía referencia a libros y citas, e introducía falsas analogías y supuestos insólitos, ajenos a toda realidad. Finalmente extrajo un libro del que era autor. Nasrudín alargó su mano para tomarlo, pues era el único de los presentes que sabía leer.

Con el libro frente a sus ojos, Nasrudín hacía pasar una página tras otra, mientras los demás miraban. Después de unos minutos el clérigo ambulante empezó a impacientarse. Por último no pudo contenerse más y gritó: ¡Está sosteniendo mi libro al revés!.

Ya lo sé – dijo Nasrudín -. Puesto que éste es uno de los arquetipos de los que usted parece ser un producto, en mi opinión esto es lo único sensato que se puede hacer si uno quiere aprender de él”.

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