martes, 8 de noviembre de 2011

Los límites de la percepción

Una vez que llevaba unos gallos a cierto lugar, Nasrudín pensó en soltarlos un rato para que pudiesen andar libremente parte del camino. Picoteando la tierra, los gallos empezaron a dispersarse en todas las direcciones.

-¡Oh, qué tontos! (gritó Nasrudín). Ustedes que saben cuándo está por amanecer, ¿cómo es que ni siquiera pueden darse cuenta adónde voy?

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