miércoles, 9 de noviembre de 2011

Fuego

Mulá Nasrudín recibió la bienvenida de un empalagoso posadero, quien le manifestó sentirse encantado de tener allí a tan distinguido huésped:

- Cualquier cosa que desee, no tiene más que pedirla, (dijo).

Durante la noche el Mulá tuvo mucha sed. Pidió agua a gritos pero nadie se movió.

Su garganta estaba reseca y sentía como un fuego en su boca.

- ¡Fuego! ¡fuego!, (gritó).

Despertó a al posada entera y momentos después el dueño estuvo a su lado con un cántaro con agua:

-¿Dónde está el fuego?

- Aquí, (dijo Nasrudín apuntando hacia su boca).

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