miércoles, 9 de noviembre de 2011

En la frontera

Nasrudín pasó la frontera con una canasta de huevos.

Los productores de huevos del país vecino, celosos por preservar sus derechos, habían peticionado ante el rey y éste había concedido que se prohibiera la importación de huevos.

Los vistas de la aduana detectaron fácilmente a Nasrudín, los condujeron al puesto de guardia y comenzaron a interrogarlo.

-La pena por mentir es la muerte. ¿Qué lleva en esa canasta?

-Los pollitos más pequeños posibles.

-Eso pertenece al rubro animales vivos. Los retendremos (manifestó oficial guardando la canasta en un armario); mientras tanto haremos las averiguaciones. Pero no se preocupe, los alimentaremos por usted. Es nuestra responsabilidad.

-Se trata de pollos especiales, (dijo Nasrudín).

-¿En qué sentido?

-¿Usted ha oído hablar de los animales que languidecen y envejecen antes de tiempo cuando se los priva de la atención de su dueño?

-Sí

Estos pollitos son tan sensibles y de una raza tan particular que, si se los deja solos por un momento, retornan a su juventud antes de tiempo.

-¿Hasta qué punto?

Hasta el punto de convertirse en huevos nuevamente.

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