martes, 8 de noviembre de 2011

Donde yo me siento

En una reunión de teólogos Nasrudín estaba sentado al final del salón, en el extremo más alejado del lugar del lugar de honor. Comenzó a relatar cuentos y pronto la gente se aglomeró a su alrededor, escuchando y riendo. Nadie hacía caso del anciano que estaba pronunciando un docto discurso. Cuando ya no podía oírse ni a sí mismo, el presidente de la asamblea rugió:

-¡Tienen que guardar silencio! Nadie puede hablar, a menos que esté sentado donde se sienta el jefe.

-No sé cómo lo verá usted (dijo Nasrudín), pero allí donde yo esté sentado es donde se sienta el jefe.

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